Metablog Jurídico é uma reunião de posts, textos, podcasts, vídeos e outras referências tiradas de um conjunto de páginas de instituições de ensino, centros de pesquisa, blogs de acadêmicos e outros foros de apresentação e debates sobre temas jurídicos relevantes.
Mostrando postagens com marcador moral. Mostrar todas as postagens
Mostrando postagens com marcador moral. Mostrar todas as postagens

sexta-feira, 28 de outubro de 2011

@SSRN, Legal History e-Journal: Raciocínio jurídico e separação entre direito e moral

Saiu hoje no e-journal de história do direito do SSRN um artigo que reúne quase todos os meus temas preferidos: século XIX, teoria do direito, raciocínio jurídico, positivimso inglês e separação entre direito e moral.

Embora eu e o autor do artigo sejamos provavelmente as duas únicas pessoas do planeta com esse escopo de interesses, não posso deixar de compartilhá-lo com vocês.

Segue abaixo o resumo e o link para o artigo - basta clicar no título do trabalho.

* * *


"Legal Theory and Judge-Made Law in England, 1850-1920" Free Download

Queen Mary School of Law Legal Studies Research Paper No. 91/2011


MICHAEL LOBBAN


Email:


Many nineteenth century jurists agreed that John Austin’s separation of the spheres of law and morality lay the foundations for a scientific analysis of law. However, they remained uneasy with his definition of law as the command of a sovereign, preferring to speak of rules enforced by the state. The jurists who succeeded Austin strove to analyze law in terms of rules enforced by the state, and used Austin’s tools to put order to the mass of common law materials. However, when it came to discussing how judges should develop the law, they continued to defend the interpretive approach distinctive of the common law tradition. Rather than identifying rules, this entailed applying principles found in older case law to new situations and thereby adapting the law to the changing needs of the community. Consequently, jurists who found Austin’s strict separation of law and morality a useful tool for analysis continued to feel that the interpretative work done by the judges needed to take into account the moral needs of the community, and numerous jurists argued explicitly for a connection between law and morality.

In the debates over codification of the 1860s, many judges and jurists who admired the analytical method which allowed them to make sense of a mass of legal materials resisted the aspiration to put all common law into rules. They explicitly defended the common law as a system of principles. In their view, the problems caused by the proliferation of case law resulted from judges looking to find a rule from every reported case, rather than looking to principles. They therefore argued that efforts should be made to digest the principles of the common law, which would allow the law to continue to develop flexibly by reasoning at case level. In response, a number of analytical jurists argued that if the common law could be seen to generate series of authoritative propositions, they could be codified into rules. For them, a digest was a mere preparatory to a code, where judges would apply and not make law. They specifically linked the analytical project, premised on the separation of law and morality, with the codification project. However, by the 1870s, jurists like J.F. Stephen began to separate the codification project from the analytical one. Instead of needing to find an ideal analytical model, Stephen argued, different areas of law could be codified for convenience. By the end of the century, those who argued for codification no longer felt that it would curtail the role of the judge in developing the law in an interpretive way.

The article ends by briefly looking at three jurists who accepted Austin’s analytical models, while rejecting (in various degrees) his arguments on the separation of law and morals. William Markby, John Salmond and W. Jethro Brown all argued that legal and moral norms were related, if distinct, and that judges were to look to moral sources, including the moral needs of the community, on developing the law.

sábado, 22 de outubro de 2011

@ DeJusticia: Moral, Dogma e descriminalização do aborto (M. Garcia Villegas)

Quando inaugurei este blog, fiz questão que um texto do colombiano Maurício Garcia Villegas estivesse entre as minhas primeiras postagens. O sujeito é muito bom e deveria ser mais conhecido por aqui. Nesta semana, ele publicou uma (psico)análise da postura da Igreja em face dos movimentos de descriminalização do aborto no site DeJusticia, do qual já falei em outras postagens. O texto é ótimo, e vale a leitura.


La moral y el dogma


Mauricio García Villegas



Una religión puede perder el monopolio de sus principios morales, pero no puede perder sus dogmas. De ellos depende su supervivencia. El problema que enfrentan muchas religiones hoy en día es que buena parte de sus enseñanzas morales (el respeto, la honestidad y la caridad) han sido interiorizadas por casi todos y por eso ya no se necesita tener fe para creer en ellas. La democratización de la moral es algo positivo y demuestra que existe una especie de núcleo básico y universal sobre las ideas del bien y del mal.


Sin embargo, desde la mirada de las iglesias y de sus jerarquías, esa democratización de la moral representa un riesgo para su supervivencia. Cuando todo el mundo cree en aquello que los sacerdotes predican, el oficio de predicador deja de tener sentido. Por eso, para recuperar su identidad, muchas religiones intentan hoy compensar la pérdida del monopolio moral que tuvieron en el pasado, con el reforzamiento de sus dogmas.


Pues bien, digo todo esto porque creo que la cruzada actual del Vaticano contra la despenalización del aborto se entiende mejor a partir de ese empeño de reforzamiento dogmático.


Muchos me dirán que esto no es cierto, que no hay nada de sobrenatural en la posición que la Iglesia Católica adopta frente al aborto y que su único propósito es defender el derecho a la vida. Tengo francas dudas sobre esta afirmación. Primero, por razones históricas: la protección de la vida nunca despertó tal fanatismo en el seno de la Iglesia. En muchas ocasiones el Vaticano ha subordinado la vida a otros valores, como el honor, la justicia y la fe (ver, Inquisición). Segundo, si la vida fuera tan importante como dicen, ¿por qué el Vaticano no emprende, con la misma energía que tiene para el tema del aborto, campañas contra el hambre y las guerras que matan a tantos seres humanos en el planeta?


Pero supongamos que yo estoy errado y que la intención del Vaticano en el caso del aborto sí es defender la vida. Aún así, su concepción es religiosa y se origina en el dogma de la aparición del alma en el momento de la fecundación del óvulo. Se trata de una concepción respetable, desde luego, pero religiosa. No hay ciencia ni sentido común que refrende semejante afirmación. Decir que es a partir de ese momento, el de la fecundación, que existe una persona humana es tan arbitrario (y tan metafísico) como ponerle fecha y hora al momento en el cual el género humano apareció en el planeta tierra (que es lo que hacen algunos líderes cristianos).


El drama de la Iglesia es justamente que allí donde sus opiniones son más creíbles (por ejemplo, cuando habla del respeto por el otro) es justamente donde la fe es más irrelevante. Por eso, el Vaticano hace todo lo posible por colonizar aspectos de la vida diaria de los creyentes (como el sexo, el matrimonio y la muerte) para convertirlos en asuntos de fe, de los cuales depende su salvación. Así no sólo retiene a sus fieles, sino que los moviliza. Aunque, la verdad sea dicha, no todos siguen a sus jerarcas en eso; cada vez hay más gente de fe que reduce los dogmas a lo esencial: la existencia de Dios y la salvación del alma (¿qué tan lejos estamos de una religión sin pastores, obispos y papas?).


Nada de esto sería un problema (ni yo me habría puesto a escribir esta columna) si esta actitud del Vaticano y de sus seguidores en las altas posiciones del Estado no pusieran en peligro la tolerancia social y el Estado de derecho. Es verdad que esta semana perdieron la batalla para penalizar el aborto. Pero ese fracaso es temporal y no hace sino avivar su espíritu de lucha.